Homenaje: Querido Gustavo: Gracias!

El día 22 de octubre, la crónica, señalaba que los Villamercedinos amanecíamos con el compromiso cívico e irrenunciable de elegir a quienes con responsabilidad y honestidad tienen que cumplir su servicio en la función pública.

Sin embargo, la crónica de la calle, de ese boca en boca que rápidamente se extendió, se reflejó en una sociedad conmovida por la triste, incomprensible e irreparable pérdida de la vida del Doctor:

Gustavo Fabián Domínguez; quien víctima de un accidente de tránsito, falleció en la ciudad que lo vio nacer: Villa Mercedes.

El Doctor Gustavo Domínguez pertenecía a una familia tradicional. Había nacido el  6  de   julio de 1970. Y vivió su niñez rodeado de mucho afecto, en su querido barrio estación.

Sus Padres  Beby  y  Lito transmitieron los mejores valores a sus hijos: Gustavo, Silvina y Guillermo.

Amigo de sus amigos, soñador, comprometido con las causas más nobles y capaz de conmoverse al punto de las lágrimas con el dolor de su prójimo, Gustavo eligió en su camino, la Misión de ayudar, servir a los demás y así, un buen día, iniciaba sus estudios universitarios de Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba.

Atrás quedaba esa etapa única de niño regalón en la escuela primaria Vicente Dupuy y joven ganador que cursó sus estudios en el Colegio Ing. Agustín Mercau.

En la Provincia de Córdoba se granjeó con los mejores. Luego, en la gran ciudad: Buenos Aires, intensificó sus conocimientos y posteriormente en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, realizó su especialidad.

Gustavo ya era todo un profesional y quienes lo conocimos, sabemos que podría haber elegido cualquier escenario en el mundo para realizar su tarea. Le sobraban condiciones morales e intelectuales y un carisma único. Sin embargo el quiso regresar a su ciudad: Villa Mercedes.

Aquí, el amor de toda una gran Familia, su Familia y los amigos de siempre, mitigaron aquellos años de lucha, falta de medicinas y hasta bronca cuando los resultados eran adversos.

Gustavo era así. No tenía dobleces. Ni grises. Se jugaba todo. Todo por los demás. No había horarios y sí, me consta, lágrimas y dolor, cuando la situación era irreversible.

Recuerdo nuestros diálogos como si fuesen hoy: “Falta prevención, registro de datos. Hay una brecha entre la fecha del primer síntoma y la fecha de diagnóstico.  Aún así, en 2001 ayudaba a morir, acompañar el sufrimiento y hoy, veo que la gente se cura. Me he acostumbrado a que el paciente se cura. Hoy el paciente hace las tres modalidades: operación, radioterapia y quimioterapia preventiva. Aún así hay que insistir. Los sistemas de salud tienen que hacer educación, insistir en el impacto positivo en diagnósticos tempranos. La información salva vidas”.

Gustavo estaba comprometido con su Misión. Verdaderamente fue su Vocación que lo llevó a ocupar primero en San Luis y luego en Villa Mercedes, la Jefatura de Servicio Oncología en el Policlínico de nuestra Ciudad. Su trabajo se reconoció con aportes en Justo Daract, La Toma y Merlo, también en Centros Privados.

Sus viajes a Congresos Internacionales eran constantes y era feliz cada vez que preparó su mochila. Allí, en el mundo lo esperaban, para escucharlo y también para escuchar y regresar a la Ciudad que amó, con los últimos conocimientos, que compartía con todos los profesionales.

Gustavo fue un excelente Profesional. Gustavo se “CONMOVIA” con tu dolor y hacía lo IMPOSIBLE para ayudar. Se involucraba de manera personal en la vida y obra de sus pacientes y sus familias.

El 15 de julio de 2014, su muro de facebook nos emociona con el siguiente texto: “Y si te ayudo a respirar. Un día más? Y si te ayudo a un día más sin dolor? Y si te calmo con una mirada? Y si te tomo de la mano y caminamos juntos un día más? Quien podría medir nuestra felicidad? Acá estoy!! Dispuesto a hacerlo siempre!!  Vocación especial e interminable!!”

Gustavo era así. Gustavo era mi AMIGO.

Ha pasado un mes de su regreso temprano a la Casa del Padre y recién hoy puedo sentarme frente a mi computadora y escribir de un tirón esto que siento.

A mí también me sorprendió la noticia. La respuesta la encontré en la GRACIA del Cielo.

Esa GRACIA que DIOS regala a quienes obran bien y aunque nos duela la partida temprana, DIOS nos muestra allí que los elige, para que comprendamos que están a su lado, porque eran demasiado buenos. Allí, allí se muestra con claridad que verdaderamente hay un CIELO que recibe a las buenas personas, en un mundo, allí sí eterno.

Hoy, es ese Ángel que está al lado de Dios y desde allí protege a su familia, a sus amadas hijas, a sus amigos, a sus pacientes. Los mismos pacientes que ya lo extrañan y han quedado huérfanos ante la ausencia de este Médico ejemplar, que en poco tiempo los colmó de profesionalidad y especialmente amor.

Gustavo tenía muchos amigos y era feliz con todos sus amigos.

Pero nada lo colmaba más que el amor que recibía y les brindaba a sus hijas: Agustina y Martina. Allí, como así también junto a sus padres, hermanos, en la mesa familiar, era inmensamente feliz.

Humilde, generoso, honesto, marcó un camino. Nunca buscó un reconocimiento y si bien es cierto que hoy, en un pasillo, de nuestro Policlínico Regional se lo recuerda con una placa y que muchos pacientes y amigos solicitamos al Ministerio de Salud reconozca su trabajo con un merecido y justo Homenaje al colocar su nombre en uno de los Hospitales que se construyen en la Ciudad; Gustavo nunca buscó nada de eso.

Sus mayores virtudes fueron la humildad y generosidad. Entregarse con las manos llenas, quedándose más de una vez con las manos vacías, pero siempre, SIEMPRE, con el corazón lleno.

Su Misión la cumplió con gran vocación de servicio. Ejemplar.

El mejor regalo que deja a sus hijas, es el de saber y sentir que Agustina y Martina, cuando a partir de hoy, las personas que se les acerquen, les recuerden a su Padre, lo harán con agradecimiento y amor a esa BUENA PERSONA.

Ese es el premio mayor y el legado para jóvenes profesionales y los no tanto, que abrazan la profesión con la mirada en el servicio sin descanso y lleno de impedimentos.

Así lo recuerdo, con la sonrisa generosa, con ese corazón que curaba más que la medicina y con esa hombría de bien de las buenas personas que nunca decepcionan.

Que brille para mi querido Amigo Gustavo, la luz que no tiene fin. Descansa en la Paz de Nuestro Señor.

Martín Marín

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